1. El pecado es como una levadura: con un poco incrementa la masa de tamaño. Entonces, ni hablar de la necesidad del bautismo para borrar el Pecado Original —y los pecados anteriores en los que tienen uso de razón—.
2. Hacer obras de misericordia para ayudar al prójimo no quiere decir que éste no haga nada ni justifica ser perezoso, negligente e indolente porque si se rehúsa a obrar de manera similar con su propio, entonces uno no está pecando si no el otro. Ayudar al prójimo no significa ser necio y justificar la insensatez de la necedad. Después de todo, la salvación es personal, privada, egoísta.
3. Ser egoísta no es lo mismo que ser codicioso. El egoísmo no es pecado, sí la codicia. Uno puede ser egoísta en aras de amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo o ser egoísta escuchando al padre de mentira que le encanta la codicia tanto material como espiritual. Todos somos egoístas porque siempre buscamos lo que es provechoso tanto en cuestiones espirituales como en cuestiones terrenales. Además, nadie está libre de ser tentado por lo que uno personalmente lucha mediante el Espíritu Santo contra la codicia pues el espíritu es infinitamente más fuerte que la carnal que es infinitamente débil. Así que sí: como la salvación es egoísta (personal), hacer ejercicios espirituales para no caer en las tentaciones como de la lujuria recae en cada ser humano, en cada fiel (huelga decir). Si alguien se excusa en no querer salvarse ni librarse de las satánicas garras de la codicia por cualquier estúpido pretexto, no lo hará por ser egoísta pues todo lo somos sino por necedad hija de la lujuria y pereza.
4. Cuando alguien dice que alguien es egoísta por no querer compartir puede referirse a los dos conceptos siguientes. A saber: alguien que no quiere compartir —por voluntad o por presión— o si quiere compartir a cómo dé lugar y se rehúsa constantemente, está siendo codicioso. En realidad, la codicia es lo que general y coloquialmente se entiende por egoísta¹ máxime en el sentido material aunque se corresponda con lo espiritual porque ambos siempre están interrelacionados (porque de lo contrario, no tendría sentido hablar de causa material y causa eficiente, nobleza obliga).
5. A Satanás no le interesa la moral y la misericordia sino la ética del formalismo y del ritualismo vacíos, o sea, legalismo —religioso/espiritual y político—. Si no, vean a los fariseos de la época de Jesús así como los ancestros y descendientes carnales y espirituales de ellos que son hijos de Satanás, no de Dios pues por sus frutos los conoceréis.
6. A Satanás le encanta la necedad, la estupidez voluntaria pues con ella siempre se pierden almas (para tristeza de Dios y nuestra pero sobretodo del Creador) que con la ignorancia.
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¹ Nobleza obliga: personas como Maximiliano White —mírese video en Youtube sobre el anarco egoísmo de Max Stirner y lo que se puede aprender dónde interactua con Nazareno Vaccarini (afirma ser discípulo de Stirner) y otros— llaman a la codicia egoísmo material. En realidad, si el egoísmo no es malo, no es el problema sino la codicia y lo espiritual está sustancialmente unido a lo material, entonces el egoísmo material tampoco es malo, tampoco es el problema porque como uno busca agradar al Señor lo hace con obras de misericordia que no son solamente espirituales —e.g., enseñar al ignorante (no el necio) y consolar al afligido o desesperanzado— sino corporales materiales que huelga decir que solamente puede hacer si posee bienes materiales pues uno no da lo que no tiene —e.g., alimentar al hambriento, dar de beber al sediento y vestir al desnudo—. Dios premia tanto lo uno como lo otro. El egoísta con misericordia hace bien, el egoísta con codicia hace mal porque es inmisericorde en ambos sentidos espiritual y material —ambos enfrentarán el juicio de Dios antes del inicio del Reino Milenario donde los primeros son las ovejas que estarán a la derecha (también material además de espiritual) que reinarán con Cristo mil años y los segundos serán las cabras que estarán a la izquierda (también material además de espiritual) e irán al lago de fuego y azufre junto al diablo y sus ángeles rebeldes, caídos (léase San Mateo 25; así que en efecto: escojan la DERECHA, la libertaria y anarcocapitalistas porque la autoritaria cumplió su objetivo marcado por el Creador y Salvador)—.
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