Antes de la creencia o la fe demoníaca en el estado, se halla inequívoca e inexorablemente la creencia o la fe demoníaca incluso más perniciosa que es la sociedad.
Por algo Max Stirner hablaba de no solamente abandonar la creencia en el fantasma (derribar la superstición)del estado y sus vanas, mudables y estúpidas leyes sino la de la sociedad pues las personas opresófilas incluso anarquistas o protoestatistas les encanta joder la vida a los que perciben molestos por percibirlos diferentes apelando a los fantasmas de la normalidad, rareza, locura, enfermedad mental, posesión demoníaca, etcétera cuando no son más que hipócritas que envidian a otros por hacerlo sin tapujo a luz y/o querer hacerlo más allá de la esfera privada o íntima.
Antes de que los viejos Israelitas le dijeran a Samuel que querían un rey lo que disgustó al profeta y más que nada a Iaoué (léase 1 Samuel 8), creían en la sociedad como un ídolo de aire o abstracto, como un egregor o una tulpa (tulku) surgida de admirar o envidiar a los paganos. (Curiosamente, la vejez no siempre viene con la sabiduría sino justo lo contrario: necedad pues el no bautizado o el apóstata se embrutecen por placer o costumbre, por voluntad). Dicho lo anterior, todos los reyes y gobernantes infieles anteriores a Saúl y David antes de ceder en la creencia del gobierno creyeron en la sociedad. Si el estado es fruto de la codicia pues su naturaleza es beligerante y la guerra o conflicto surge indefectiblemente de la codicia (léase Santiago 4:1) así como la codicia es fruto del Pecado Original, entonces es de esperar que la sociedad sea también consecuencia del mal ingresado en el mundo con la desobediencia de Adán y Eva hace entre c. 4 mil y 10 mil años atrás. Es cierto que el hombre necesita de Dios primero y del prójimo también (así como este de Dios primero y después de otros) pues así fue creado antes de la caída (léase Génesis 1:28 y 2) pero no significa que el hombre sea social o precise de la sociedad así menos del estado sino de la libre y natural asociación y cooperación perfeccionadas religiosa, espiritual y moralmente con la caridad. El estado y la sociedad son enemigos de la caridad al azar enemigos de Dios Todopoderoso Uno y Trino.
Así que para no volver a traer al estado y empeore, es menestar no creer en la sociedad así como otras supersticiones o idolatrías. Eso se soluciona obedeciendo a Cristo que trajo su Iglesia al mundo para salvarnos y fuera de ella no hay salvación. Amén
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