Las personas saben que los políticos son malvados y parásitos pero ellos creen en ellos por conveniencia o reverencia supersticiosa a la "autoridad" y la "obediencia" a la ley pues son cómplices y espiritualmente son iguales porque si quisieran, serían opresores también. Es más fácil seguir la pasajera, (auto)contadictoria, autoritaria e hipócrita ley del mundo que la eterna , inmutable y autoritativa moral de Cristo. El mundo debe adaptarse a Cristo, no al revés.
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