De nada sirve enseñar si el que enseña es inmisericorde o se rehúsa a enseñar como Dios manda y el otro se resiste a aprender pues el necio (no el ignorante) desprecia la instrucción así como la reprensión y el castigo (castigo, no tortura pues la tortura es crueldad). Sí o sí debe haber reciprocidad, o sea, consentimiento entre ambas partes pues de lo contrario estamos ante adoctrinamiento (lavado de cerebro) o a necedad (estupidez deliberada).
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